8.5.13

A mi escritor favorito

Mi escritor favorito no sabe que, en secreto, aspiro entre almohadas y libros que algún día me quiera. Probablemente ignora que el día que lo vi en la firma de libros me temblaron las piernas ante las 250 personas que estaban alineadas conmigo. 

Nunca le he dicho que ese mechón de pelo que cae y que él, en vano, intenta corregir con un ademán repetitivo, quedó estampado en mi memoria. Siempre que lo evoco, llega su mechón, su gesto, su frustración, su mano, su rostro.

Sus escritos me han salvado más de una ocasión, tomándome de la mano un segundo antes de saltar al precipicio de la auto-superación, vampiros y esoterismo. La última vez que lo vi apareció en la calle, nefelibato, víctima de una persecución policíaca por crímenes financieros. Escapábamos milagrosamente y nos escondíamos en buhardillas secretas, campanarios y casuchas.

Si lo tuviera al frente, a mi escritor favorito, sin memoria, le recitaría aquella página que nos unió sin que él lo supiera, y le diría que lo acompañaré siempre, lo encontré siempre, hasta el fin del mundo, desde la mitad del mundo en la que estoy.


6.5.13

Esperanza

Ella lo soñaba suyo aunque jamás fuera a serlo. Se perdía en sus ilusiones, en la comisura imaginaria del labio y en los dedos. No, él no iba a tener dedos. No sabía si era solo en las manos o de los pies, pero seguramente le faltarían. Solo una vez lo había escuchado y lo había interiorizado como el suyo propio. Arraigó su imagen, la de un fantasma en su vientre, sin darle nombre y apellidos. Sin embargo, era suyo. De ambos.

Sufría la nausea rutinaria y la ilusión se desdibujó cuando despertó de la modorra mañanera. Era de día. No había esperanza.
Sin saberlo, el 31 de diciembre del 2012 tracé mi camino. Tendría que irme. 
 

11.2.13

Cierro los ojos. Intento dormir apresurada. Muevo los pies. Busco la posición deseada. No pasa nada. EL tiempo pasa. 
Cierro los ojos.
Pienso en la carta que debo escribir. En cómo empezar y cómo decir que soy, qué soy, para qué soy. Una idea surge. Todas las noches es igual. Pienso que recordaré pero nada pasará el día siguiente. Será un blanco, vacío, hueco. Prendo la luz y escribo. Tengo que hacer eso para no olvidar. ¿Olvido? ¿Suspiro? ¿Deseo?
Nada llegará pronto. Todo acabará en septiembre.

24.9.12

Dicen que uno siempre debe querer hasta que duela. Hasta que uno ya no puede dar más amor, porque el que da sale de los rincones más oscuros del corazón y las entrañas se tienen que transformar en masas funcionales emocionales. "Quiere hasta que duela, y si duele, quiere más". Hoy duele.